No hay una tarifa cerrada para una web profesional porque no todas las webs hacen lo mismo. El precio lo marcan sobre todo tres cosas: cuántas páginas y funciones tiene, qué integraciones necesita (reservas, pagos, CRM) y cuánto diseño a medida lleva frente a una plantilla.
Lo que sube (o baja) el precio
- Número de páginas y secciones. Una landing no es lo mismo que un catálogo de cien productos.
- Funcionalidad. Reservas, pagos, área de clientes o multi-idioma suman trabajo real.
- Diseño a medida vs. plantilla. Una plantilla es barata y se nota; un diseño propio cuesta más y trabaja mejor.
- Contenido. Si los textos y las fotos hay que crearlos, es parte del proyecto.
Lo que deberías exigir siempre
Independientemente del presupuesto, hay mínimos que no deberían ser extras. El principal es la velocidad. Google mide la experiencia de carga con las Core Web Vitals y las usa como señal de posicionamiento; una web lenta pierde visitas antes de que vean nada. De hecho, datos de Google indican que la probabilidad de abandono se dispara cuando una página tarda más de tres segundos en cargar en móvil. Y como la mayoría del tráfico web es móvil, ese es el escenario que hay que optimizar primero.
Exige también: diseño responsive, SEO de base (estructura, etiquetas, datos estructurados), y que la web sea tuya —dominio y código— y no un alquiler del que no puedas salir.
Cómo saber si un presupuesto es justo
Un presupuesto honesto explica por qué cuesta lo que cuesta: qué páginas, qué funciones, qué plazo. Desconfía de dos extremos: el precio sospechosamente bajo (suele ser una plantilla rellenada) y la cifra redonda sin desglose. Lo razonable es partir de una conversación sobre tu negocio y recibir una cifra por escrito antes de empezar, sin cuotas que crecen solas.
Así trabajamos nosotros: diseño web a medida, con SEO y velocidad de serie, presupuestado según tu alcance. Si quieres una cifra para tu caso, cuéntanos qué necesitas.

